El arte de la palabra plena
Gabriel Rolón
Psicólogo, psicoanalista, escritor. Egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Historias de diván (Planeta, 2007), su primer libro de psicoanálisis, fue un éxito de ventas inusual en Argentina. Ha vendido más de 300 mil ejemplares. La serie de televisión Historias de diván basada en sus libros, y de la cual fue uno de los adaptadores y guionistas, además de ser distinguida por la Red Iberoamericana de Ecobioética de la UNESCO por su interés cultural y ético-social, es parte de los debates en distintos foros académicos.
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El poder de la palabra
Somos humanos en tanto habitamos un mundo de palabras. Un mundo lleno de seres y paisajes que no veremos jamás, y sin embargo nos recorren.
Dar la palabra es darse uno mismo, siempre y cuando no se trate de una palabra vacía.
No siempre que hablamos decimos algo de nosotros.
La única palabra importante es la que lleva nuestra sangre. La que nos modifica una vez pronunciada. Esa es una palabra que nos compromete y nos define. Esa es una palabra plena.
¿Qué es la palabra plena?
La palabra plena es aquella que expresa la verdad profunda de quien la dice.
El mundo nos incita a hablar por hablar. Sin decir nada.
“Palabra plena”, en cambio, nos desafía a pensar, a transitar el laberinto de nuestro propio enigma intentando evitar las trampas de la comodidad. Porque las cosas importantes de la vida son incómodas.
Caminamos entre el amor y la pérdida, la felicidad y la angustia, la esperanza y el deseo. Siempre de la mano de la palabra.
La palabra es abismo. Es al mismo tiempo herramienta y conflicto. Comunicación y malentendido. Verdad y mentira. Habitamos en la confusión. Y en esa confusión nos jugamos la vida.
Palabra plena vs palabra vacía
La palabra plena (“palabra verdadera”, porque está más cerca de la verdad enigmática del deseo del sujeto, “una palabra que hace acto”) articula la dimensión simbólica del lenguaje, en tanto que la palabra vacía articula su dimensión imaginaria (donde el sujeto está alienado de su deseo).
El poder de la palabra: lo que nos decimos a nosotros mismos
Otro aspecto importante que debemos tener en cuenta es el dialogo interno. En este sentido, también debemos cuidar de esas palabras que nos decimos, pues terminan ejerciendo un poder sobre nosotros mismos.
Cuando hablamos con nosotros mismos elegimos unas palabras determinadas y no otras, y nos decimos una serie de cosas concretas. En este caso, no solemos reconocer la importancia de las palabras y el efecto que su uso puede generar en nosotros.
De esta forma, las palabras que utilicemos al pensar pueden tener un efecto poderoso en nuestras emociones, nuestro estado de ánimo, y la forma en cómo concebimos al mundo. En consecuencia, es importante elegirlas con cuidado.
Por ejemplo, cuando digo “soy vago para estudiar”, o “nunca voy a llegar al peso que quiero” no estoy describiendo una situación, sino declarando una condena y generando mi realidad en base a esta afirmación.
Las palabras generan realidades
Una vez que dices una palabra y hieres a alguien, ahí afuera hay una herida, una herida que es real y la generaste tú, entonces te vas a tener que hacer cargo, de algún modo, de eso.
Ser frontal está bien pero no es necesario hablar para dañar.
La manera de encarar las cosas es con la verdad pero sin que se vuelva una queja eterna, la palabra cuando es queja, no ayuda.
LO QUE NO SE HABLA SE HACE SÍNTOMA
Una o varias emociones reprimidas y no expresadas se transforman en un dolor o enfermedad. Tu organismo manifiesta en forma de dolor lo que no te atreves a expresar emocionalmente.
¿Decir todo o acumular hasta explotar?
Guardar hasta explotar no sirve pero no siempre hay un momento adecuado para hablar
Quien mucho traga al final se ahoga
El otro tiene que estar listo para escuchar o todo puede volverse una pelea
Hay que hablar cuando se está bien
Una parte hay que guardarla para uno
El peligro del silencio
El silencio es el resultado del miedo y en ocasiones puede llegar a ser tan perjudicial que puede ocasionar problemas sociales graves como la opresión, discriminación, violencia e incluso guerras.
Hemos puesto demasiada atención a lo que la gente dice que no nos detenemos a analizar lo que callan.
El dolor y el sufrimiento existen solo en la experiencia de cada quien, si no se expresan, nadie más los reconoce. Así nunca puede crearse la empatía.
Si queremos reconocer los sentimientos propios y ajenos, tanto los negativos como los positivos, el silencio simplemente no debe ser una opción.
El silencio puede llevar a la desesperanza
Entonces, ¿Cómo plantear una discusión?
Establecer un universo en común
Empezar hablando de lo que hay y no de lo que falta
No usar palabras como armas para dañar
Deja de solo querer hablar y tener la razón
¿Quién tiene que ceder en una discusión?
La persona que te ama sanamente es la que no ejerce todo el poder que podría ejercer sobre ti.
Cuando cede siempre el mismo, se rompe la paridad, ya no son pares y se vuelve una pareja patológica.
Quien esté más sereno en una discusión, será quien tenga en sus manos la opción de terminar en paz o subir de nivel y pasar a pelear.
La responsabilidad es de quien se da cuenta primero que ya se acabó la discusión y todo se volvió pelea.
El que cede acaba con la discusión